La tentación servida en bandeja: el papel de la fuerza de voluntad a la hora de hacer dieta

*El Dr Máximo Ravenna comparte sus conocimientos y experiencia con los lectores de minutouno.com

"Con respecto a los caminos del hambre y la saciedad, cabe preguntarnos por qué día a día avanzamos en medio de un derrotero que nos envuelve al punto de transformar simples hábitos, primero en necesidades intensas, luego, en indispensables y, por último, en compulsivas y sin la 'voluntad' que ponemos en otras actividades", señala el Dr Máximo Ravenna y explica por qué la tentación está "servida en bandeja":

El mundo está cada vez más expuesto a la cantidad, la variedad y la presión de cientos de comidas sobre nuestros organismos. La respuesta a esta presión, las sensaciones que se asocian con su manejo, evocan y sugieren con índices claros el desarrollo de una verdadera adicción; adicción que resulta más intensa cuanto más presión y cuanto más predisposición genética, física o emocional se tenga a sucumbir la necesidad de gratificación. Por lo tanto hablar de fuerza de voluntad es un sin sentido.


Numerosas investigaciones nos permiten comprender cómo ciertas comidas o alimentos se tornan “magnéticos”. La demanda de los mismos es fundamentalmente física, ya que producen una fortísima reacción en el centro del placer cerebral y funcionan como elementos de recompensa.

Asimismo, cabe destacar en este punto que el centro de placer y/o recompensa del cerebro, además de ser un sitio de goce, tiene que ver también con la supervivencia. Los sistemas de supervivencia son centros del sistema nervioso central nque se relacionan con los neurotransmisores y funcionan a partir de estímulos, tales como los primeros alimentos en la infancia (lactancia) y las primeras sensaciones de placer y dolor. Constituyen un circuito que está presente en todos los mamíferos motivando las conductas aprendidas para la supervivencia. Por ende, es probable que esta relación con la supervivencia sea también instigadora de la activación del centro de placer con ciertos alimentos.

En definitiva, lo que buscamos al comer es la recompensa de una sensación placentera. No buscamos la comida per se, sino por la sensación que tenemos al comerla. Y es por eso que cuando nos sometemos a una dieta, se produce una deprivación hedónica, es decir, una restricción del placer que impacta, sin lugar a dudas, en el cerebro.


Como verán, todas las reflexiones nos llevan  a nuestro punto de partida: el placer como instancia de sosiego, de calma. Su búsqueda ha trascendido el mero deseo y se ha configurado como un ícono definitivo en la pantalla del radar cerebral del hombre de hoy. Las ganas se hacen fuertísimas, la tentación aumenta y la fuerza de voluntad desaparece.

Cómo hacer frente a las tentaciones:

1) Seguir una dieta monótona: se trata de comer durante 3 o 4 días la misma alimentación para así despegar el vínculo adictivo, no pensar y aumentar el valor de saciedad.

2) Alejarse de la tentación, no estar en contacto con lo que me produce esa sensación placentera, lo que se torna en algo magnético

3) Tomar abundante cantidad de líquido y preguntatrse, ante la tentación: ¿Es sed? Es hambre? ¿O es ganas de comer?

30 de Septiembre de 2008 11:51


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