En el siglo XXI la presencia femenina sigue avanzando en el terreno laboral y político, pero moverse en un terreno como el profesional siendo mujer es, para Teresa Viejo, como aprender a usar las armas sin que haya vencedores ni vencidos.
Así lo explica en su libro Cómo ser mujer y trabajar con hombres, fruto de la experiencia personal como periodista y directora de un semanario en España.
El aumento del número de mujeres en el campo laboral así como en las aulas universitarias es uno de los cambios sociales más importantes de la segunda mitad del Siglo XX.
Sin embargo, aún hoy persiste la dura lucha de las mujeres por ser respetadas y aceptadas en algunos ámbitos y escalafones laborales donde ellas tuvieron que inventar estrategias para lograr ser reconocidas y, aún así, son pocos los nombres femeninos en los equipos directivos.
La periodista española Teresa Viejo, experta en analizar las relaciones entre ambos sexos, se recrea ahora en su último libro sobre el eterno conflicto hombre-mujer. Con su experiencia personal dice que "el lenguaje gestual de los hombres con las mujeres en el mundo laboral dependerá de si son sus superiores o sus inferiores".
Y Teresa lo sabe por experiencia, ya que pasó de ser una subalterna bien mandada "que no daba problemas" a una directora de un semanario masculino "que tenía que ponerme en mi sitio y, a veces, cuando daba una orden y me preguntaban reiteradamente el porqué, concluir en el denostado 'porque sí, porque lo digo yo...’", relata.
Porque, a su juicio, un hombre nunca se da por vencido cuando plantea una idea y nunca tolera un "no" por respuesta.
"La idea que le queda es que su jefe/a tiene un mal día y que ya se lo planteará en otro momento, mientras que nosotras, frente a un "no", salimos deshechas, pensando en lo que hemos hecho mal y con la autoestima por los suelos", comenta.
Otra de las habilidades masculinas pasa por interrumpir a la mujer cuando está hablando y dar él su opinión, un hecho duramente criticable para Viejo.
"Nunca lo permitas, porque es una agresión a tu persona, un 'ninguneo' que no se puede tolerar. ¡Tolerancia cero a los cortes de conversación!", remata contundente.
Teresa comenta que "esos señores que charlan tan animadamente, se quedarían callados si nos acercáramos, porque su lenguaje es distinto entre hombres que cuando aparece el sexo opuesto".
¿Y por qué se quejan tanto nuestros compañeros cuando tienen hambre, por qué dedican dos horas a la hora del almuerzo y necesitan una larga sobremesa, por qué piensan que si una mujer es jefa tiene que haber seducido a alguien o ser un marimacho?
Su testosterona los delata pero, como todo en la vida, se puede resolver.
¿Y cómo? Los consejos de Teresa Viejo pasan por no alzar nunca la voz para no ponernos a su nivel, ejercer el poder con empatía, pero con rigor y, en último extremo, si el varón no entra en razón, con autoridad, pero sin perder nunca la sonrisa.