“Mi problema es el siguiente: no puedo mantener una relación seria y estable, por más que lo intente termino siempre saboteando la relación casi sin darme cuenta. Mi problema es que
llega un momento en que la relación se vuelve más seria, me asusto y huyo”, dice un post firmado por Azure en un foro psicológico.
Y es cierto que en la medida que el reloj de una pareja avanza, hay ciertos
“hitos” que se acercan hasta volverse
impostergables: decir “te amo”, presentar a los padres, convivir, casarse o tener hijos, son algunas de las situaciones que se van dando y que no siempre son deseadas por los dos.
Stella Maris Rivadero, psicoanalista y supervisora del equipo de pareja y familia del
Centro Dos, aclara que los tiempos en que deberían darse estos “hitos” no son tiempos
cronológicos sino
lógicos que dependen de cada uno: “Las personas tienen distintos tiempos para
mirar -ver quién es el otro y qué le pasa a uno con él-,
comprender –evaluar si se puede hacer una apuesta más firme- y
concluir -en un acto en el sentido de tomar una decisión-“, dice la psicoanalista y señala que cada momento de la pareja implica la puesta en juego de estos
tres tiempos que son subjetivos y pueden
no coincidir. “Cuando no hay coincidencia aparecen las dificultades. Si de uno de los lados
se retrasa la decisión demasiado tiempo, puede suceder que el otro no quiera esperar más y todo termine en una
ruptura”, advierte Rivadero.
En una pareja deberían darse tres tiempos: el de mirar -ver quién es el otro y qué le pasa a uno con él-, el de comprender -para evaluar si se puede hacer una apuesta más firme- y el de concluir -para tomar una decisión-.
Algunas de las
excusas típicas que eligen los que quieren huir de las formalidades son: “La relación es nuestra, ¿para qué querés que te presente a mis viejos?”, “No me quiero apurar”, “Sí, yo también te quiero mucho, mucho, mucho”, “Yo también siento muchas cosas por vos” –respuestas evasivas frente a un “Te amo”-, “No me siento preparado para convivir”, “No es mi momento”, “Primero quiero realizarme en el trabajo”, “No nos va a alcanzar el dinero”, “Estoy confundido” y toda una serie de frases que permiten escapar por la
tangente.
Según Rivadero, aunque las estrategias no siempre son concientes, tienen que ver con rasgos de la
personalidad. “Se usa como excusa el hecho de ‘no estar preparado’, como si hubiera que hacer un curso, con la ilusión de que
en algún momento esa preparación va a llegar, cuando la verdad es que la vida se vive y hay cosas que sólo podés saber con la experiencia. Hay gente que no advierte que se pasa la vida
pateando para adelante”, plantea la psicoanalista.
Por otra parte, la sabiduría popular dice que cualquier
dilación es un principio de
solución. Será por eso que algunos van armando estrategias del tipo “Te presento a mis viejos en mi cumpleaños”, “Mejor te los presento en Navidad”, “Me parece que va a ser mejor dejarlo para Semana Santa”, y así se sigue
postergando hasta el infinito.
“La idea que está más instalada es que la
mujer es la que
apura al hombre, pero también hay
mujeres que postergan, generando una ilusión de autonomía y libertad que en el fondo refleja una
dificultad por concluir, por ponerle fin a una etapa para empezar otra”, explica la especialista y señala que hay en juego un
duelo que implica aceptar que todo no se puede y que siempre se pierde algo para ganar otra cosa.
Dilatar hasta el infinito es tan negativo como anticipar situaciones y saltar etapas en la pareja.
“A veces ocurre lo contrario: alguien
se saltea una etapa y quiere concluir sin comprender, eso a veces es una salida que evita pasar por el tiempo lógico y no querer
enterarse de lo que a uno le está pasando –analiza Rivadero-. Claro que el saltarse etapas en una pareja tampoco suele ser saludable, porque después se preguntan cómo se enteraron de eso recién ahora o quién es esa persona con la que se casaron. La
anticipación también muestra ciertas
dificultades”.
Según la psicoanalista, la tendencia a
rehuir el compromiso es parte de la
cultura actual y se ve en la fugacidad en las relaciones de pareja, en la amistad y en las relaciones laborales. Por eso, la próxima vez que quieras
zafar y necesites una
excusa original para no presentar a tu novio o novia, tené en cuenta la siguiente:
“Amor, no es personal, es una cuestión cultural”, y ¡que tengas suerte!