Ante el fenómeno Gran Hermano
se propone ir más allá de lo que se ve a simple vista. Del encierro y de la exposición extrema de sus participantes. Ahondar en sus características psicológicas y contar qué hay detrás de las actividades cotidianas vividas a la vista de millones de personas.
Este texto no supone un análisis psicológico académico ni tradicional sino que es presentado como una suerte de exploración de posibles estrategias y de actos inconscientes dentro del contexto de un juego televisivo.
Día a día en
un completo informe con lo que se sabe y lo que no de cada participante. Las hipótesis sobre sus diferentes personalidades, sus conflictos internos y sus estrategias para ganar el juego.
Hoy: Jessica Gómez
Quién esTiene 21 años. Es
azafata y vive en Monte Grande. Trabaja en una
remisería en Ezeiza. Dice estar enamorada de
Jonathan, sin embargo coquetea con varios otros integrantes de la casa.
PerfilEn Jessica encontramos una chica de
perfil alto, infantil y sensual a la vez, que juega un rol muy específico en la casa. Sin dudas, en ella se puede observar un exceso de
exhibicionismo, que en este caso, también tiene elementos
perversos.
Si bien Gran Hermano es un programa en el que está bien visto y es natural que los personajes se muestren excesivamente y todo el tiempo, con Jessica se da de forma
contradictoria.
En Jessica encontramos una chica de perfil alto, infantil y sensual a la vez, que juega un rol muy específico en la casa.
Es claro que, inconscientemente, ella quiere reforzar su autoestima. Detrás de la exhibición que hace de su cuerpo hay una
inseguridad muy grande. De allí a la
histeria, un sólo paso.
A juzgar por sus actitudes dentro del programa se podría decir que Jessica podría tener también una tendencia a conformar
triángulos amorosos y relaciones promiscuas con el sexo masculino. Sus vínculos con los hombres la muestran como una chica en busca de protección. Es posible que esto tenga que ver con graves problemas para conformar parejas
estables. De hecho el gusto por los triángulos puede confirmarlo.
Si bien esto no escapa a la lógica de muchas chicas jóvenes de su edad, aquí nos encontramos con un caso en el que se busca reforzar la autoestima a través de lo
corporal. Aunque no tenga una belleza escultural, ella sabe seducir con su propio estilo de “nena sexy”.
Jessica podría tener también una tendencia a conformar triángulos amorosos y relaciones promiscuas con el sexo masculino.
Sin embargo aquí aparece su mayor contradicción: se da una mezcla explosiva entre una
“femme fatal” que es capaz de acosar hombres; y en el otro extremo se hace pasar por
nenita, de hecho la llaman “osito” por su mascota (un león -no un oso- de peluche) seudo perfil inocente.
Este tipo de personalidad resulta muy
erotizante para el sexo masculino. Desde
Adriana Brodsky en “No toca botón” con el célebre Alberto Olmedo, hasta la versión más reciente con
Julieta Prandi, el personaje de “bebota” deja su huella y le otorga al hombre la función de
“proteger” a esa nenita.
También es un
arma seductora. La idea de un cuerpo adulto sensual y una niña todo en una es atrayente para los hombres, y tiene una connotación sexual que muestra la histeria como una forma de comportamiento.
El “Osito”: patología y carenciaLos psicólogos llamamos
“objeto transicional” a las cosas que actúan como acompañante terapéutico de una persona. Desde una muñeca o un set de cosméticos hasta determinada ropa. Estos objetos son utilizados para dar seguridad, a partir de un proceso de racionalización. La persona cree que es importante llevar algo aunque tenga solamente un valor simbólico-emocional.
La idea de un cuerpo adulto sensual y una niña todo en una es atrayente, y tiene una connotación sexual que muestra la histeria como una forma de comportamiento.
El
oso que lleva Jessica (que, como dijimos no es un oso sino un león) no escapa a esta lógica. Este “objeto transicional” particular está relacionado con tener consigo algo que la proteja de los males externos. Algo familiar, que genere
contención.
Aquí vuelve a aparecer la niña. Pero no vinculado al tema sexual, sino a una clara
dependencia emocional.
Jonathan y la denigración femeninaPodríamos decir que su relación patológica con Jonathan la muestra como una persona
muy insegura, que se autodenigra. Que está desvalorizada internamente.
Es de esas personas que cree falsamente en
“luchar por su amor” cuando la batalla está perdida de antemano. Este espíritu “combativo” en el fondo esconde la búsqueda de
parejas tóxicas que pueden despertar violencia psíquica y hasta física.
Es de esas personas que cree falsamente en “luchar por su amor” cuando la batalla está perdida de antemano.
En este sentido su actitud con este otro participante de la casa puede generar una identificación profunda con algunas chicas que padecen lo mismo: caen siempre en relaciones tóxicas condenadas al
fracaso. Claro que esto se da a nivel inconsciente ya que generalmente tienen en su cabeza al príncipe azul que las rescata, una imagen muy poco real.
Estrategias inconscientes
La estrategia de Jessica comienza tratando de mostrar que
no tiene estrategia y que es una mujer débil. Algo de cierto hay en esto, pero creerlo completamente sería minimizar su capacidad para acomodarse en un grupo que
jamás la nominó y donde todos le prestan atención.
Su primera estrategia es mostrar que no tiene estrategia. La sgunda, es su dualidad entre la nena inocente y la mujer fatal.
Con lo cual, por un lado encontramos, en relación a su historia con Jonathan, a una víctima del sexo masculino que puede generar una fuerte identificación con otras chicas de su edad, o inclusive más grandes. Sin darse cuenta, esto la puede ayudar para contar con el
apoyo masivo del público.
La otra estrategia posible, que también puede darse sin que sea algo consciente, tiene que ver con la contradicción que ya desarrollamos entre la seductora que se exhibe y la
nena que tiene una mascota de peluche para estar protegida. Como dijimos, con esta mezcla explosiva podría lograr que los
hombres simpaticen con ella, y así llegar a la final del programa.
Beatriz GoldbergLic. en Psicología.
Especialista en crisis individual.
[Informe: Ezequiel Spillman]